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VIDEO.- Diez días con recortes de micros: esperas eternas y el fuerte impacto en la calidad de vida de los pasajeros

Por Redacción

En el décimo día de recortes de frecuencias, usuarios denuncian demoras de hasta dos horas, unidades colapsadas y la obligación de pagar viajes alternativos. “Si no, no llegás”, resumen.

El recorte de frecuencias en el transporte público de La Plata ya impacta de lleno en la vida cotidiana de los pasajeros. En paradas del centro, usuarios relatan esperas de hasta dos horas, colectivos que no se detienen por ir completos y un aumento forzado del gasto para poder llegar a destino.

“Treinta, cuarenta minutos estoy esperando. Antes eran quince o veinte”, cuenta una estudiante de la facultad de Jurídicas. Como muchos, admite que cuando la demora se vuelve insostenible, no queda otra opción que recurrir a aplicaciones de transporte. “Sí, a veces tengo que pagar. Es el doble”.

La escena se repite entre trabajadores. “Mayormente me tomo Uber o Didi, pero la economía no da para pagar todos los días”, explica otro usuario, que depende del transporte para cumplir con su jornada laboral. La falta de frecuencias no solo implica demoras, sino también un gasto extra que golpea directamente el bolsillo.

Colas eternas, la postal de estos días en La Plata (Foto: Demian Alday/EL DIA)

En algunos casos, la situación escala aún más. “Tengo dos trabajos. Si trabajo a la tarde, tengo que pagar una moto para no perder tanto tiempo. No me queda de otra”, relata un pasajero. Y agrega una frase que resume el trasfondo del problema: “Hay que trabajar dos o tres trabajos, si no, no llegás”.

La saturación del sistema es otro de los puntos críticos. “Los micros vienen llenos, no paran”, describen usuarios que viajan desde zonas como Sicardi o el barrio Aeropuerto. Allí, la espera puede superar la hora y media simplemente para poder subir a una unidad.

Frente a ese escenario, algunos optan por alternativas extremas. “Una vez me fui caminando a casa porque tardaba un montón”, cuenta una joven que recorrió alrededor de 40 cuadras ante la imposibilidad de viajar.

La cara de los pasajeros lo dice todo (Foto: Demian Alday/EL DIA)

Incluso quienes no tienen horarios estrictos sienten el impacto. “Soy jubilada, puedo esperar, pero estuve una hora para ir al médico”, relata una mujer. Y advierte: “Para el que trabaja es una pena, porque tarda mucho”.

Las quejas coinciden en un punto: el deterioro del servicio no solo implica más tiempo de viaje, sino también cambios forzados en la rutina diaria, mayores gastos y una creciente incertidumbre. “No mejora, sube y sube todo, y no damos más”, resume un trabajador.

A diez días del inicio del recorte, los usuarios describen un sistema colapsado que ya no logra responder a la demanda. Mientras tanto, en las paradas, la espera se vuelve cada vez más larga.

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